la buena vida

13 y 14.06.2009:

Efectivamente aquí el "relajo" es total. Me alojo en una casa a las afueras del pueblo que tiene un pequeño jardín y una cocina al aire libre (por aquí hace un calor de ordago). 

Por las mañanas me doy un gran paseo de varias horas en estas inmensas playas, me voy a ver descargar el pescado al muelle pesquero en donde pululan cientos de aves alrededor de los barcos que van y vienen. Los hay de todos los tipos y tamaños, desde el gigantesco pelícano hasta otros que parecen gorriones, pasando por docenas de aves carroñeras tipo buitre que se alimentan, como el resto de estas aves, de los desperdicios que les arrojan los pescadores: cabezas, tripas, raspas, etc..


Cada vez que les arrojan una cabeza grande se arma una autentica batalla entre los que esperan en el agua el botín. Se lo roban unos a otros y se enzarzan en peleas de picotazos, aletazos y graznidos. Al final estos bichos se vuelven parásitos y ya no pescan casi, dependiendo de los pescadores, a los que siguen en sus barcos cada vez que zarpan como un perro sigue a su dueño.



Junto a la flota artesanal del muelle he visto docenas de "balsas de troncos" (las típicas de los náufragos) que por aquí se usan bastante aun: cuatro troncos unidos con cuerdas, una caña de bambú como mástil y una vela hecha con retazos de sacos de arroz y como timón un remo...¡y a la mar!.

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