Ella

19/1/2012


Desde Tissa, y siguiendo los consejos de uno de la localidad, he venido hasta Ella. No estaba en mi itinerario pero al final me he quedado aquí dos días. Ella es un pequeño pueblo en donde parece haber mas extranjeros (eso sí, todos franceses) que autóctonos. Es una población de montaña que lo único que tiene es su maravilloso entorno natural ¡que no es poco!.

Al bajar del bus me aborda un abuelete sin dientes al que me costaba un huevo entender (aunque suponía lo que pretendía, claro) pero por alguna razón (supongo que intuición) le seguí a ver donde me llevaba. Me llevó fuera del pueblo a su casa y me enseño una pequeña habitación con sólo una cama, una mosquitera y un cuarto de baño pequeñín. Yo no necesitaba mas y el entorno me gustaba: una mesa y dos sillas en un patio rodeado de árboles y con una buena vista a la montaña, un huertito y un perro que me miraba con pinta lastimera.

Casi de compromiso (por lo pesado que se ponía) accedí a que su nuera me hiciera la cena y ¡¡que acierto!!. Hasta ahora es, creo recordar, una de las mejores comidas desde que empece este viaje. La mujer no paraba de traerme platillos y bandejas y explicarme, en su idioma claro, lo que me iba a comer. No solo estaba bueno, es que ademas era abundante. La casa solo tenia dos habitaciones para alquilar y una estaba vacía, o sea, comida casera autentica. ¡Una delicia!.

Los alrededores de Ella no son espectaculares pero, mires para donde mires, son bonitos. Tiene una plantación de té que cubre toda una colina. Ver esas matas de té perfectamente ordenaditas en hileras cubriendo todas las laderas del monte con sus setos tan bien recortaditos que, mas que una plantación, parece un jardín. Se pueden hacer caminatas por un montón de sitios, ademas de una catarata, una cueva histórica (en donde se refugió un rey del lugar cuando fueron invadidos por un reino indio del vecino sur) y un templo.

Pasear, muy despacito, por esas veredas de montaña, dándote el aire fresco en la cara y respirando un aire impoluto espero que me haya servido para eliminar algo de la "mierda" que respire en India.

La visita a la cueva (aparte de un fiasco pues es solo eso .. una simple cueva) me ha dejado hecho polvo. Son 300 empinadisimos y estrechisimos escalones que, aparte de mi, no ha debido de visitar nadie en años (pues la vegetación los tiene totalmente invadidos) y además me he pegado un resbalón por lo húmedos que están que me ha dejado el tobillo dolorido.

En la catarata me he dado un bañito que me ha dejado nuevo después de andar los 7 kms que hay hasta llegar a ella. A la vuelta alguien me ha pillado en la carretera y me he ahorrado esa paliza de vuelta.

Cena de nuevo en "casita". Esta vez la señora me ha preparado un pollo con un curry especialidad de ese lugar que esta buenísimo (sabroson pero sin "picores").

A pesar de ser un pueblito pequeño está en la ruta de tren hacia Colombo y tiene estación, por lo que a la mañana siguiente voy a pillar el tren hasta Nuwara Eliya (little England la llaman).

Este par de días me han repuesto físicamente (a pesar del palizón de lo de la cueva), me han permitido ponerme al día con lo de las fotos y colgar algunas entradas en el blog que tenía pendientes y, sobre todo, serenarme y relajarme (amén del par de quilitos que habré pillado con las cenas y los desayunos de esa buena mujer).

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