05 y 06.06.2009:
Desde Chimbote a Trujillo el paisaje cambia drasticamente de la sobreabundancia y abigarramiento en elementos: montañas, cascadas, gargantas, ríos, etc., del Cañón del Pato, y se pasa a un panorama totalmente desértico, despoblado y con unos bellisimos montes salpicando esporadicamente, aquí y allá, el horizonte. Esta atardeciendo y la tenue luz que cae sobre el desierto, unido a una especie de neblina ligerísima, le confieren al paisaje un punto fantasmagórico e irreal que es precioso y casi sobrecogedor.
A pesar de la aridez del medio, el hecho de tener muy cerca dos ríos bastante caudalosos que están debidamente canalizados esta permitiendo, de forma artificial, que una parte de este desierto chileno ( las orillas de la enorme carretera Panamericana que va desde Tierra del Fuego, en el extremo sur patagónico, hasta la frontera con EE.UU.) parezca un vergel de verdor. Están cultivando,a ambos lados de la carretera , enormes extensiones de terrero de muchos kilómetros de caña de azúcar y de algún otro cultivo que no he identificado.
Trujillo fue fundada en el 1534 por Francisco Pizarro, que le puso el nombre de su extremeña población de origen, en medio de un desierto que se hace oasis y vergel en las orillas del rió Moche que la atraviesa. Algunas de sus calles centrales no parecen haber cambiado mucho, afortunadamente, desde los tiempos de la colonia, estando en perfecto estado de conservación. La ciudad estuvo amurallada durante siglos, lo que permitió contener a la nueva Trujillo fuera de ese recinto y pudo conservar de esta manera su encanto y sabor colonial.
No tiene grandes monumentos ni iglesias, pero en cambio tiene una gran cantidad de casas solariegas y palacios con esplendidos patios interiores y una deliciosa selección de rejas de forja en sus expléndidos ventanales, junto con una gran variedad de balcones primorosamente trabajados. Es una ciudad laboriosa y muy viva.
Dentro de la ciudad y en sus alrededores se encuentran docenas de restos arqueológicos de las sociedades Moches y Chimus. En el perímetro urbano se encuentran las "huacas" (templos) del Sol y de la Luna construidos por los mochicas hace 1500 años. Son un homenaje y monumento a ese elemento tan pobre como vital de este continente como es el "barro". Se utilizaron cantidades astronómicas de adobe -no utilizaron otros materiales como piedra y madera- pues tan solo en la Huaca del Sol se utilizaron ¡¡140 millones de ladrillos de adobe!!. Es una pequeña montaña de barro que aun no ha sido del todo estudiada ni excavada y que esta en un calamitoso estado de conservación.
La "Huaca de la Luna" es la única de este conjunto que si ha sido excavada (aunque, como casi siempre, se les adelantaron los huaqueros y están todas las tumbas y objetos de valor saqueados). Es realmente interesante ver los diferentes niveles que contiene esta pirámide. Cuando una estructura se les quedaba pequeña, la cegaban con arena y adobe y la utilizaban como base para construir otra pirámide mayor encima ¡y así hasta cinco niveles o pirámides, como muñecas rusas, una dentro de la otra!.
Tanto esta cultura como su sucesora, la Chimu, adoraban a un dios al que llamaban el "Dios Degollador" que aparece representado en casi todos los frisos y bajorrelieves de la Huaca de la Luna con una pinta realmente como para asustar: ojos feroces, dientes de puma, cabellos de serpiente, etc., y claro, con un nombre así ... pues había que degollar a algún que otro paisano regularmente. La selección de victimas no era como en otras culturas que también ofrecían sacrificios humanos a sus deidades, o sea, ni eran voluntarios que creían ser unos privilegiados al ser elegidos, ni eran prisioneros capturados, etc., Para su elección se celebraban combates rituales entre grupos de guerreros de los diferentes pueblos y los que perdían (en vez de bajarlos de categoría -que es lo que toca-) les daban "matarile" degollándoles y vertiendo su sangre en copas rituales que luego ofrecían como ofrenda derramándolas en el campo y en el mar (para propiciar buenas cosechas y capturas o para calmar a sus dioses ante fenómenos adversos: terremotos, sequías, inundaciones, etc.).
Gracias a que cegaban las anteriores construcciones se han podido conservar los frescos y altos y bajos relieves, así como las grecas tan características de estas culturas.
700 años después de haber florecido los constructores de las Huacas del Sol y de la Luna, la cultura Moche, sus descendientes, los Chimus, construían -alrededor del 1300DC- el impresionante y gigantesco conjunto de Chan Chan que, en su época de mayor esplendor, llego a tener mas de 10.000 estructuras, desde palacios recubiertos con metales preciosos -oro y plata- y gigantescos monumentos funerarios, hasta las casas de los campesinos y artesanos, llegando a ser la mayor ciudad pre-colombina de Sudamérica y la mayor ciudad de adobe del mundo.
Dentro del conjunto laberíntico de la ciudad real (donde habitaban los reyes y sus séquitos) había, a su vez, nueve subciudades dedicadas a las diferentes funciones que ejercían: sagradas; ejecutivas; militares; legislativas; etc., etc.. Esta especie de "Ciudad Prohibida" (el pueblo no podía acceder a ella) estaba rodeada de gigantescos muros de adobe de 10 metros de altura con bases de 3 metros de anchas ¡¡y todo de adobe!! (menos mal que aquí no llueve casi nunca).
Son muy famosos los frisos y bajorrelieves representando distintos animales: peces, aves, tortugas, serpientes, etc., muy estilizados y ¡casi abstractos!. El conjunto es alucinante y comprende sitios como la Huaca Esmeralda, la del Arco Iris, el complejo Tschuli, Cao, el Brujo, etc., etc..
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