20 y 21.07.2009:
El viaje desde Cocuy a San Gil es otro de los que me ha emocionado y mantenido despierto todas las horas que ha durado ¡que han sido miles!. Por estos parajes tan aislados es muy difícil moverse. Primero por las escasísimas rutas que hay (a veces solo un camino de cabras que une dos o mas poblados), luego por los horarios tan peregrinos que tienen, pasando por la descoordinación entre las distintas cooperativas de transporte de la zona (para hacer una conexión a veces tienes que esperar casi un día entero en lugares en donde, hasta para comer, hay dificultades).
Total para hacer menos de 200 kms. he tenido que levantarme a las 3:30 de la mañana para tomar el bus de las 4:00 desde Cocuy hasta Capitanejo (casi tres horas para hacer 47 kms), luego, en Capitanejo, esperar otras 3 horas, hasta las 10 en que sale otro para Málaga, a donde llegamos a las 12:00 y tenemos que esperar hasta las 13:00 para, por fin, iniciar el viaje mas largo que no me dejara en San Gil, sino en un pueblo llamado Apiedecuesta desde donde tomare una taxi colectivo (a todo esto son las 21.15) que me llevara hasta la deseada San Gil. ¡Pero por fin llegue!.
Afortunadamente, salvo por los tiempos muertos de las esperas y hasta que oscureció a las 6:30, apagando el espectáculo, el viaje me ha parecido breve y entretenidísimo.
Por esta zona de Colombia los Andes se dividen en tres ramales o cordilleras: la Occidental, la Central y la Oriental, mezclándose en algunos tramos y produciendo profundas quebradas, barrancas, cañones y gargantas. En otras ocasiones se abren y dan lugar a profundos y amplios valles selváticos surcados por caudalosos ríos, con cascadas y caídas de agua por todos lados (es bosque húmedo y muy lluvioso). De vez en vez una nube baja lo cubre todo con una pared, impenetrable a la vista, de niebla y, al rato, al cambiar de valle o de cresta, desaparece dando paso a un sol radiante y a un cielo purísimo.
Viniendo de sur a norte, las suaves colinas erosionadas por el tiempo y por el hombre que las cultiva y explota intensamente, tanto para agricultura como para ganadería, se van convirtiendo en enormes moles de piedra y volviendo a ganar en la espectacularidad y grandiosidad propias de los Andes mas auténticos, con el añadido de que al estar a no mucha altura sobre el nivel del mar, tienen una intensísima cobertura vegetal que, en donde no esta explotado, es de autentico follaje selvático.
A la mañana siguiente visito San Gil y su Parque Natural El Gallineral, un precioso parque ribereño con docenas de arboles gigantes de ceibas, quejios, etc., fantasmagóricamente cubiertos por unas enormes "barbas de viejo" (una especia de lianas finísimas que, como una enredadera, cuelgan de sus enormes ramas y troncos). Docenas de macizos de tillasandias y gallineras (una planta preciosa con una floración espectacular que da nombre al parque) adornan sus veredas.
Por la tarde voy a visitar Barichara. Barichara seria el escenario perfecto para ambientar (sin gastarse un duro en decorados) una película de la época colonial. El pueblo fue fundado por un "mañico" hace 300 años pero parece que se termino hace 3 meses. Es un pueblo carente de toda actividad industrial y casi comercial, apenas unos pocos hoteles y restaurantes. Desde hace 30 años se esta restaurando con rigor histórico, sensatez y buen gusto (lo declararon monumento nacional). Al igual que en Villa de Leyva no se ven edificios nuevos ni altos , manteniendo el pueblo una uniformidad y homogeneidad que le dotan de una armonía y coherencia que les harían pasar, sin dificultad, por un pueblo castellano-manchego o extremeño del siglo XVIII.
El pueblo es tan pequeño que aun me dio tiempo a visitar otro pueblito cercano, a 10 kms., dormido en el tiempo (que aquí parece haberse detenido) llamado Guane con un interesante museo arqueológico y una preciosa iglesita
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