Parque Nacional Cajas

23.06.2009:

Hoy he vuelto a estar en mi salsa: Naturaleza en estado puro, incontaminada, solitaria y de una belleza sin paliativos. El P.N. Cajas, a pesar de estar apenas a 45 minutos de Cuenca y de ser ésta una ciudad bastante bonita, apenas hay turismo (al menos en esta época). En el parque estábamos -datos del guarda de la puerta- ¡ocho personas!, en una extensión de 58000 hectáreas (¡como para perderse- a ver quien te encuentra-!) que cuenta con 807 lagos, lagunas, etc. (tiene una densidad de 1,4 lagunas por km2, siendo una de las de mayor densidad lacustre del planeta). Es una zona de humedales extensísima encajada entre altas montañas y bordeadas de bosques de esos maravillosos arboles llamadas "quenuas" (los mismos que en la laguna Llanganuco en Perú) con sus cortezas color canela rojiza y sus troncos cubiertos con esa especie de escamas.


Como es una zona de humedales muy extensa es utilizada por las aves migratorias como parada de descanso y de alimentación (se ven docenas de aves de lo mas confiadas -no echan a volar hasta que no estas encima de ellas-, pero sobre todo se las oye). En los lagos con abundancia de cañizares, totoras y juncos el ruido de los patos a la caída de la tarde se hace notar en todo el parque y, en los bosques húmedos de quenuas se oyen también estruendosamente otro tipo de pájaros que desconozco (ese es todo el ruido que he escuchado en todo el día).



A media tarde se empieza a levantar la neblina y, en unos pocos minutos, el cielo se ha ennegrecido para, a continuación, caer un torrente de agua, menos mal que llevaba el chubasquero en la mochila, que si no me calo hasta los huesos.



Un día agotador por la caminata pero intensamente reconfortante en el que he recuperado parte del equilibrio que, últimamente, estaba perdiendo. ¡Me ha vuelto a poner las pilas!.

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