La Perla del Caribe

27 al 29.07.2009:

La mítica Cartagena de Indias, puerto por donde fluyeron, como ríos de oro, todas las riquezas de América del Sur hacia Sevilla y otros puertos españoles y europeos, a la vez que puerta de entrada de otro tipo de mercadería mucho menos valiosa -en términos monetarios de la época- pero mucho mas sensible: 7 u 8 millones de esclavos negros que fueron traídos (y no en cruceros de lujo precisamente) como mano de obra gratis y para poblar las regiones desiertas del continente. ¡Desigual "balanza comercial"!. Hoy en día los descendientes de aquellos esclavos africanos pueblan, mayoritariamente, las bulliciosas calles de esta ciudad de ensueño.



Cartagena no tiene parangón con ninguna otra ciudad colonial en América del Sur. Ninguna le hace siquiera sombra (tal vez Cuzco pudiera rivalizar en algún aspecto -por su espectacular legado arqueológico precolombino-, pero nada mas). A pesar de su magnifico decorado y de conservar intacto su sabor colonial, la ciudad no es, en absoluto, ni un museo ni un mausoleo y sus calles vibran de vida, de actividad y del bullicio propio de una población caribeña (en especial cuando el sol empieza a declinar, pues al mediodía se ve a la gente durmiendo la siesta en cualquier lugar en donde haya una sombra: parques, bancos públicos, ¡hasta en los bancos de las iglesias he visto a bastantes dormitar al amor de sus frescas sombras y al airecito de sus ventiladores).




Esta es la típica ciudad en donde tener un mapa no solo no ayuda, sino que entorpece su visita al condicionarte el recorrido y dejar, consecuentemente, cosas sin ver. En ningún sitio como en este se debe practicar el noble arte del vagabundear y dejarse fluir por cualquier calle y, al llegar a la siguiente esquina, hacer lo propio y volver a repetir la jugada y ver por donde te lleva el olfato o la intuición, y ¡si pasas 14 veces por la misma calle... pues que bien!.


La sinfonía de balcones en sus distintas formas, colores, alturas, tamaños, etc., es casi irreal. La belleza y exuberancia de sus macizos de flores (los balcones y tapias son un monumento a esa maravilla vegetal que es la buganvilla) y el gusto con el que decoran sus ventanas, portales, patios, soportales, etc., es notable. Y nada de esto se "pega" con las escenas callejeras de puestitos de fruta, zumos, loteros (los hay a millones), gentes deambulando de aquí para aya, etc. (es como el "atrezzo" perfecto para un decorado tan especial y como si estuvieran hechos el uno para el otro).

Ademas, aquí las calles han guardado su nomenclatura original que esta plena de sentido y que hace mención a su historia (calle de las Animas: la calle en donde encerraban a los esclavos después de un viaje infernal en que llegaban medio muertos y allí terminaban de expirar y sus lamentos se oían por toda la calle ), a su origen (tales como de los lecheros, o los herreros ). Otras tienen nombres evocadores y poéticos como: la calle del Suspiro o de la Niña Bonita o la del Curato Loco . (Ya estaba un poco harto de tanta calle nº tal y carrera nº cual, cuadra tal -con perdón-).

Me estoy refiriendo a la ciudad amurallada, una ciudad de romance y leyenda que fue el sueño y la meta de todo pirata del Caribe que se preciara y que fue asediada por docenas de ellos y saqueada hasta sus cimientos por el mítico pirata ingles Francis Drake (estos ingleses siempre jo...). Fue el principal puerto español en la costa del Caribe y la puerta de entrada para acceder al norte del continente (desde aquí partieron las expediciones de conquista del resto de Colombia y Ecuador), así como la puerta de salida del continente hacia España.

Como respuesta al ataque de Drake, se decidió hacer de Cartagena una ciudad inexpugnable, dando lugar a la creación, a lo largo de los años, de docenas de diques, murallas, torreones, baluartes, fuertes, etc., que circundaban, de forma encadenada, lo que antaño fue el recinto de Cartagena. Especial mención en este capitulo merece el fuerte de San Felipe de Barajas, una fortificación monumental que se parece, por fuera a un conjunto de pirámides aztecas (con su enorme mole de ladrillo y piedra y sus murallas de varios metros de grosor) y por dentro a una pirámide egipcia con sus laberintos de túneles que se mezclan, entrecruzan,suben, bajan, con sus trampas, sus pozos ciegos, sus mazmorras, celdas, cuadras, caballerizas, etc, etc., todo un mundo subterráneo que da ha dado un poco de miedo visitar solo (a pesar de tener luz eléctrica,supongo que a la luz de unas antorchas debe ser para cagarse vivo).

Estas construcciones son un autentico monumento a la arquitectura militar de todos los tiempos y, en su día, salvaron a Cartagena de los subsiguientes ataques piratas y corsarios, particularmente del feroz ataque de Edward Vernon en 1741.

Cartagena es un museo al aire libre de la arquitectura española de los siglos XVI y XVII, con sus estrechas y rectilíneas calles, iglesias, plazas y grandes mansiones.

La ciudad moderna no se ha mezclado, afortunadamente, con la vieja, pero es una bella y moderna ciudad con una gran calidad de vida, lujosos hoteles y carisimos restaurantes, lujosos edificios de apartamentos, exclusivas tiendas y una expléndida marina con un lujoso club de yates que harían las delicias de cualquier jeque árabe. En el medio y como en terreno de nadie se ubican barrios como en el que me alojo: Getsemaní, una barriada eminentemente de gente de color con una arquitectura vieja pero medio en ruinas, pero con un encanto, de día, muy especial y un peligro de noche muy evidente.

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