09.06.2009:
Desde Cajamarca tengo que ir mas hacia el interior del Perú, a la zona mas abrupta y remota de los Andes Peruanos, a Chachapoyas. Me han recomendado en oficina de información de Perú que mejor no vaya, que es zona de conflicto y tal, pero sencillamente ... tengo que ir. Llevo hechos un montón de quilometros por esta ruta casi con el único fin de llegar a las ruinas de Kuelap y, salvo causa de fuerza mayor, voy a ir a Kuelap.
Aparte de la recomendación de no ir, parece que las cosas se están confabulando para que no vaya: la única agencia de buses que va a Chacha (como la llaman en abreviatura) ahora solo sale dos días en semana, jueves y domingos, y no sabe si el próximo jueves la carretera estará abierta desde Celendin o no, pues al margen de que la puedan cortar los militares, están varios de sus tramos en obras y solo dejan pasar unas pocas horas al día... o sea, que no me venden el billete hasta el mismo jueves y sin su responsabilidad (ni devolución del importe del pasaje) si no pueden pasar desde Celendin.
Tentado he estado de tirar la toalla, porque no me quiero quedar en la zona es estas circunstancias, pero una vez mas el destino me sonríe en forma de casualidad: en la misma terminal de autobuses hay una pareja de peruanos que tienen que viajar también a Chacha sin falta ese día (van al entierro del padre de él) y me proponen compartir un "carrito" (taxi no oficial). Acepto y dejó que el negocie el precio con el taxista ¡y me sale 5 soles mas barato que en el bus!, así que partimos rumbo a Chacha.
Al llegar a Celendin, en cuya salida se toma el "sendero" (a eso no se le puede llamar carretera) para Chacha no espera la primera sorpresa del día: la carretera esta cortada por obras desde las 7:30 am hasta las 12:00 am y desde las 13:00 pm hasta las 17:00 pm (solo abren de 12 a 1 la hora de comer los obreros), y¡¡son las 9:15 am!!. Así que "patras", pues el guardia no atiende a razones y le importa un pito lo del entierro y lo de que yo sea turista. O sea, tenemos que volver a Celendin a esperar hasta las 12, pero el chico me dice que a esa hora ya no llega al entierro del padre que es a las 5 de la tarde y que se da la media vuelta para su casa.
Pero en esto que llega un tío ataviado como los obreros: casco, mono azul y chaleco reflectante con el nombre de la empresa constructora y nos ofrece sus "servicios": que por lo mismo que le pagamos al taxista él no lleva a Chachapoyas y que a él si le van a dejar pasar. ¡¡Y, efectivamente, al llegar al control se baja del coche y haciendo un aparte con el guarda se "arreglan" y nos levanta la barrera!!.
El conductor, entre que dice conocer bien la carretera, que esta cortado en ambos sentidos y no viene trafico, nos lleva en volandas por esa especie de trocha. Yo que voy delante con él estoy cagao de miedo. Parece el conductor de un rallye y encima me esta dando palique y mirándome cuando habla: "que quiere ir a España a trabajar" ... "que como esta la cosa"... "que si yo le puedo echar una mano"..., etc., etc. Menos mal que como la carretera esta "teóricamente" cortada, no hay ningún tipo de control aunque, en varios tramos, nos hemos tenido que detener porque había maquinaria pesada trabajando y no se podía pasar.
El panorama de los Andes por esta zona es realmente espectacular y grandioso, como en todos los días anteriores en que estoy "cabalgando sobre su lomo". Cada paisaje parece rivalizar con el siguiente en belleza y grandiosidad... pena que tengo los ojos clavados en la carretera por el "majara" que conduce y no puedo disfrutarlo en plenitud.
La llegada a Chacha la he vivido como un triunfo personal ¡a pesar de todos los obstáculos iniciales...he llegado a este remoto rincón del Perú y me he acordado del lema del servicio de correos del Oeste americano, el Pony Express que tenia un lema que decía algo así como: "... ni el sol, ni la nieve, ni el cansancio, ni la distancia... nos impedirán llegar a nuestro destino..."
¡¡Pues eso, que estoy en Chachapoyas!!.
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