18 y 19.06.2009:
Temprano salimos con el barquito hacia la isla de la Plata con la esperanza de cruzarnos en el camino con alguna ballena o, al menos, con algún grupo de delfines. Desde hace una semana no se ha visto el sol. Son días tristones y de un gris plomizo, con unos cielos negros en continua amenaza de lluvia, pero no cae una gota ("panza de burro" a lo ecuatoriano). Yo no soy especialmente amante del sol, pero si de la luz y hoy casi parece de noche.
Después de casi una hora de navegación una francesa (al estilo del ballenero de Mobi Dick) se levanta como un resorte del bote gritando ¡balleine! (o como se escriba en francés) y casi hacemos volcar el barco, pues todos nos hemos lanzado en tromba hacia ese costado del barquito. El capitán nos ha tenido que "poner firmes" y dar instrucciones para irnos rotando para sacar fotos, porque sino la barca da muchos bandazos.
La verdad es que, a pesar de que el guradaparques que va en el barco no permite que la lancha se acerque en exceso para no perturbar a las ballenas, aún en la distancia son unos animales espléndidos y gigantescos (pena que nunca sabes por donde van a emerger y tardan muy poquito en volver a sumergirse -suben a tomar aire pues son mamíferos no peces- por lo que sacarles una buena foto es cuestión de intuición y de buena suerte).
En un momento de ese frenético ejercer de "papparazzi" siguiendo a la ballena y sus posibles lugares de salida, me he parado a pensar que de estar tan atento a sacarle fotos o videos, ¡apenas puedes disfrutar del espectáculo con tus propios ojos! (lo ves todo a través de la minúscula pantalla de la cámara). Así que he guardado la cámara y me he puesto a disfrutar del espectáculo.
Se han avistado, según el guía (que es miembro del la WWF y los reconoce por sus enormes colas y las marcas que en ellas tienen) hasta un total de nueve ejemplares distintos. Como están en época de celo suelen ir una hembra y uno o varios machos detrás haciendo lo típico que hacemos los machos cuando hay delante una hembra: "que si yo soy mas macho que tu y doy los coletazos en el agua mas fuertes...", y el otro: "pues yo salto mas alto y caigo con mas estruendo y salpicaduras de aguas que tu..." (me parecían dos adolescentes en una piscina "luciéndose" delante de la "pivitas").
Ha sido algo muy emocionante. Yo nunca había visto nada igual en vivo (no tiene nada que ver, al menos en cuanto a emociones, verlo en vivo que en un documental de la tele). Después de unos veinte minutos de andar persiguiendo a los diversos grupos, se han sumergido y no hemos vuelto a verlos.
A modo de ejemplo para hacerse una pequeña idea de lo que son estos "animalitos" copio de un folleto lo siguiente:.." el tamaño, en promedio de una ballena jorobada adulta, es de 15 metros y pesa unas 40 toneladas (o sea... como animal de compañía no parecen servir). Llegan a vivir 50 años. Su periodo de gestación es de 11 a 12 meses..."
La isla de la Plata es una reserva biológica de especies marinas muy importante, pues en sus playas desovan varias clases de tortugas, algunas en serio peligro de extinción, y de docenas de aves marinas: piqueros de pata roja y azul, fragatas (estas también en periodo de celo y, en este caso, los machos se "lucen" luciendo sus mejores "buches": se inflan como globos a punto de reventar de un color rojo intenso).
La mayoría de las aves están en época de puesta, incubando sus huevos o bien -ya eclosionados- cuidando a sus poyuelos (a los que nunca dejan solos pues hay docenas de depredadores: aves, ratas, culebras, etc. esperando el momento propicio para zampárselos). En el cielo son centenares y centenares de aves volando, aprovechando las corrientes de aire cálido, planeando en circulo como si fuesen un remolino gigante. Y en la playa las escenas de pesca con los albatros, pelícanos, gaviotas, etc., lanzándose en picado a por su almuerzo o buceando en busca de él. ¡Son todo un espectáculo!.
A la vuelta de la isla... la guinda del pastel: ¡un grupo de delfines saltando en el aire y rivalizando en velocidad con el barco!. ¡Otra espectacular actuación de la Naturaleza en estado puro!.
Para rematar el día hemos buceado en un pequeño arrecife lleno de pececitos de colores de todos los tamaños y miriadas de diminutos pececillos casi totalmente transparentes que, continuamente, cambiaban de dirección haciendo unos efectos en el agua fantásticos. Una chica holandesa ha pisado una especie de erizo de mar y se le han clavado algunas púas. Al poco ha empezado a llorar como una Magdalena de dolor. Le han puesto hielo y se la han llevado al medico nada mas llegar a puerto. ¡La Naturaleza también tiene sus peligros!.
Al día siguiente me voy, por mi cuenta, a visitar la costa y una parte del P.N. Machalilla que contiene masas de bosque seco (ya casi extinto) y unas playas con bastante vida animal. ¡Otra bonita excursión!.
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