TREKKING POR EL INTERIOR DE MYANMAR

del 26-02 al 01-03-2012

He venido hasta Kalaw, un pueblo de las montañas, para hacer un trekking de tres días hasta uno de los sitios mas atractivos de Myanmar: el lago Inle.

Después del calor intenso de Bagan pasar una noche de fresquito me ha venido al pelo. He aprovechado que aquí no hay casi nada que ver para lavar, coserme la mochila y la ropa que ya están pidiendo a gritos una renovación, escribir algunos comentarios (aunque no podré, seguramente, colgarlo hasta salir de Myanmar), etc.

El pateo por los senderos y aldeas del interior de estos pueblos de montaña me ha encantado. Cada pueblo suele estar compuesto, total o mayoritariamente, por un solo grupo étnico de los mas de 100 grupos distintos que componen Myanmar (aunque la mayoría son de la etnia bamar, hay otros grupos numerosos como los Chin, los Kachi, los Mon, los Shan, etc.). Por los pueblos de esta zona son mayoritarios los Shan y los Mon. Cada etnia se identifica con un determinado tipo de vestimenta y, sobre todo, de tocados o gorros.

El trekking lo organiza una familia de un grupo étnico local que nos ha llevado por las aldeas mas remotas del interior, en donde nos hemos alojado en sus casas y, en la medida que se puede por la dificultad del idioma, compartido con ellos algún rato.

Realmente es una experiencia muy atractiva el vivir como ellos ... sin luz ni agua corriente, al ritmo que te marca el sol. Pasear, una vez caída la noche, por la única calle de la aldea viendo como preparan, en fuegos de leña, la cena, como recojen y dan de comer a la infinidad de bueyes y búfalos que les sirven de medio de transporte y fuerza de trabajo en los campos. A los niños jugar con juguetes fabricados por ellos con cañas de bambú, etc., me ha gustado mucho.

Además por la noche, en las montañas, hace bastante fresquito, hay un silencio casi opresivo, solo roto por el mugir de algún buey o el ladrido de algún perro y con un cielo estrellado magnifico (al no haber luz el cielo se ve en todo su esplendor).

Andar durante días por los campos y montes sin ver prácticamente a nadie, solo campos de siembra totalmente desiertos, sin carreteras ni casas (en estos días no he visto ni una sola torre de tendido eléctrico ni de telefonía móvil).

Cuando te acercas a las aldeas salen a recibirte los pocos niños que hay en ellas a la vera del camino y te saludan con una expresión de asombro en sus caras digna de ver (me han recordado aquella excelente película de la posguerra española "Bienvenido Mr. Marshall", ellos en la carretera esperando no se qué de nosotros, y nosotros pasando sin detenernos mientras ellos corren detrás saludándonos con el típico "Mingalavar" -hola en bamar-).

Por todos lados búfalos pastando y plantas de bambú, su material básico para todo: se lo comen (en brotes), con él hacen sus casas, sus cercas, sus puentes, sus herramientas, sus cacharros de cocina, etc., etc., etc..

¡Una bonita excursión a un lugar maravilloso con gentes igualmente maravillosas!.
 

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