EL RIO AYERYAWADY

22-02-2012

Pequeño madrugón para tomar el "slow boat" (bote lento) que navega por el río Ayeryawady desde Mandalay hasta Bagan y vuelta (Myanmar tiene mas de 8.000 kms de ríos navegables). El barco sale a las 5:00 a.m. y hay que estar media hora antes para pillar billete, o sea, ¡a las 4 de la mañana en pie!. ¡Parece mentira, pero a esa hora ya hay montón de gente en la calle!.

Desde mi pensión hasta el embarcadero hay casi una hora andando y a esas horas de la noche y sin una sola bombilla que alumbrase el camino me he sentido bastante inseguro, aunque la verdad es que los hombres que me he encontrado por el camino eran ellos,  mas que yo, los que parecían asustados de ver a un gringo con una mochilón a cuestas por la orilla de un río en plena noche (seguro que por allí también hay alguna leyenda sobre "el hombre del saco" y seguro que por allí lo pintan "blanquito").

La llegada al embarcadero de película. La gente local que va a viajar al día siguiente llegan la noche anterior y montan su "campamento" en las dos cubiertas del barco (una especie de gabarra destartalada que no se como puede flotar y, menos aun, navegar) y pasan allí la noche.

No hay manera humana de acceder al barco (no sin pisar a alguien o sin despertarle), así que tengo que esperar que un empleado me haga un hueco para poder pasar. Media hora antes de zarpar empiezan a pegar gritos para que levanten parte del "campamento" para acomodar unas sillas en las que, por fin, he pillado sitio.

Una vez a bordo y ya con luz natural (aquí no hay cambio de hora y amanece antes de las 6 a.m.) me he dedicado a recorrer el barquito (cosa de 5 minutos pues solo tiene dos cubiertitas, la sala de máquina -por llamarla de alguna manera- que hace un ruido infernal y una especie de baño que nos es mas que un agujero en el suelo que da al río). ¡Un lujo vamos!.

El Ayeryawady es un río inmenso que, aun en esta época (que es la seca) tiene una anchura considerable (en época de monzón debe parecer el Amazonas).

Al principio, de noche cerrada y sin luces por ningún lado, no ves nada y parece que flotas en el vació, pero cuando, poco a poco, el alba va desvelando sus orillas, te quedas asombrado ¡que maravilla de paisaje!.

La placidez del río, la quietud de sus aguas, el imperceptible y cadencioso bamboleo del barco, el lento despertar de sus orillas ... todo parece invitar a la introspección y al recogimiento, salvo por los mas que ruidosos pasajeros locales que, animadamente, preparan sus desayunos en unos pequeños fogones portátiles de ladrillo que alimentan con leña y carbón (¡encima de la cubierta de madera del barco!).

Lo interesante del barco es el pasaje. Aparte de una docena de gringos (entre ellos 4 españoles que viajan juntos) el resto son campesinos birmanos que, por alguna razón, se están desplazando. Parecen llevar con ellos todo lo que tienen en el mundo: van cargados de fardos de ropa, canastas de fruta, enseres de cocina y, por supuesto, con sus hijos. Son muy tímidos y al principio parecen rehuir la mirada, pero a lo largo de las horas esa timidez va dejando paso a la curiosidad y ya sonríen , se dejan fotografiar y alguno, incluso, me ha dado a probar lo que cocinaban.

Desayunan igual que comen y cenan: arroz hervido al que le añaden una especie de encurtidos vegetales (pepinillos, pimientos, cebollas, zanahorias, varias clases de verduras de hoja, etc., con un olor a vinagre que tumba). Hacen un amasijo con los dedos para mezclar bien todo el condumio y "pa`dentro".

Para aislarme un poco del ruido me he puesto en el iPod los mantras de "Perlita de Bombay" y ...¡ he alucinado en colorines!.

Esta bañera mas que que navegar (vamos a dos por hora) simplemente flota ... ¡por esa la llaman "slow" (lento) boat.

Las orillas del río, ambas, están salpicadas, aquí y allá, de stupas y bosques de bambú gigantes y, de vez en vez, puedes presenciar una escena propia de otros tiempos (salvo aquí) y ver como transportan las mercancías que se descargan del barco en carretas tiradas por búfalos con unos enormes cuernos.
Al pasar por Sagain el espectáculo es grandioso. Docenas de templos, monasterios, pagodas, etc., asomándose a sus orillas. En lo alto de la colina, majestuosa, la Mingun Paya como un faro en el río, resplandeciente por el brillo del pan de oro de su cubierta, parece marcarnos la ruta.

La vida en el río transcurre ajena a nuestra presencia: pescadores de anzuelo o red faenando para ganarse el diario sustento, barcazas, gabarras, falúas, etc. (todo un muestrario de "cosas" oxidadas que flotan) cargadas con todo tipo de materiales (aquí los ríos son las autopistas para la mayoría del transporte de mercancías, en ausencia de una buena red viaria), cargamentos de troncos de madera flotando en el rió formando una especie de convoy remolcado por pequeñas motoras, etc..

Con bastante frecuencia el barco atraca en alguna orilla y suben o bajan pasajeros. En cada escala sube una legión de mujeres con enormes cestas sobre sus cabezas con fruta, bollos y otras viandas que no adivino que son. Van pregonando a voz en grito por todo el barco su mercancía formando una notable algarabía. Algunos en vez de comprar o vender ¡hacen trueque con lo que cada uno lleva!. Yo les he comprado un poco de fruta y una especie de empanadillas vegetales que, aunque están bastante picantes, están riquísimas.

Todos vamos siendo transportados por sus tranquilas aguas, plácidamente, con su discurrir lento, sin prisas, al ritmo del Ayeryawady.

Como si el mundo entero se hubiera parado un instante y simplemente ... flotara a la deriva.

¡Esta travesía no la cambiaría por la de ningún crucero de lujo. 

¡¡Por favor que el viaje dure eternamente ... no quiero llegar a ningún lado!!. 


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