del 01 al 04-03-2012
La llegada al lago Inle después de cuatro días de andar por las montañas del interior, entre Kalaw y la aldea de Taung Tho, en la ribera del lago, ha sido una delicia y un descanso para los pies y la vista y un refresco para la piel.
Después de atravesar un pequeño bosque de bambúes llegamos a una serie de canales donde nos espera un barquero con su canoa para llevarnos a Nyaungshewe, la principal población de las que hay a lo largo de las riberas del lago.
La travesía por el lago ha sido una gozada, cómodamente sentado, después de varias horas de andar por terrenos bastante abruptos, con el suave bamboleo de la barca y pasando entre estrechos canales llenos de preciosos jacintos de agua y plantas de arroz silvestre (que, aun siendo preciosos, suponen un problema para la navegación, pues se hacen tan espesos y tupidos que la dificultan seriamente al enredarse en las hélices de las canoas, motivo por el cual siempre hay gente limpiando los canales de estas plantas).
El colofón ideal o la guinda del pastel de unos días perfectos en contacto con la Naturaleza casi virgen de este país y con los "virginales" campesinos que lo habitan.
El lago es una autentica maravilla con unas dimensiones considerables (22 kms de largo por 12 de ancho) en cuyas difusas orillas e islas hay 17 aldeas construidas sobre palafitos en el agua y habitadas por varios grupos étnicos (Inthas principalmente) que se dedican, cada grupo, a una actividad u oficio distinto. Unos poblados son de pescadores (los mas pobres del lago), otros son agricultores (o habría que llamarlos "aguacultores"), otros son herreros, otros alfareros, tejedores, etc., etc..
Es un lago muy curioso que no tiene una orilla firme definida al depender del volumen de agua que tenga en cada momento y que todas sus islas, menos una, son ¡¡islas flotantes!!. Durante siglos los habitantes del lago han ido drenando el fondo sacando el barro y depositándolo sobre lechos de plantas acuáticas (el lago es muy poco profundo: 1,60 mts de media en época seca) creando islas artificiales que fijan al fondo mediante largas cañas de bambú para evitar que se desplacen lateralmente, pero que las permite subir o bajar en función del nivel de agua del lago.
Estas islas flotantes se han convertido en auténticos vergeles en donde se cultivan todo tipo de verduras y hortalizas así como flores. Es curiosisimo ver como los "agricultores" se desplazan entre los "surcos" de su parcelita para quitar las malas hierbas, recolectar, plantar, etc.,¡¡en canoa!!.
Otra de las curiosidades del lago, y esta si que es exclusiva de aquí, no dándose en ninguna otra parte del mundo es la manera de remar de sus barqueros y pescadores.
Utilizan barcas de fondo plano y el remero se coloca en la popa aguantándose con una sola pierna y, con la otra, rodean el remo de una manera curiosisima y ¡¡reman con una pierna!!. Esto les permite dar descanso a los brazos y les ayuda, al ir de pie, a ver mejor los bancos de arroces pantanosos y los peces de los que viven.
Esa es otra de las cosas que los distinguen: la manera de pescar. Utilizan unas curiosas cestas cónicas de bambú con una red dentro. Previamente, cuando eligen un lugar, empiezan a golpear repetidamente el agua con los remos para asustar a los peces y que busquen la seguridad de las abundantes plantas acuáticas del fondo, entonces introducen la cesta de mimbre entre esas plantas y, con una especie de tridente, van "pinchando" el fondo para que los peces, en su huida, se enreden en la red.
Al igual que el resto de los birmanos, los intha también son budistas y, alrededor del lago, también se da esa enorme profusión de edificios religiosos, que parece ser la principal seña de identidad de este pueblo, habiendo cerca de cien monasterios y unas mil estupas.
Navegar por sus canales y visitar sus aldeas y poblados (en alguna de cuyas casas nos han invitado a tomar te y algún dulce casero) ha sido una maravillosa experiencia que me ha gustado e instruido un montón.
La llegada al lago Inle después de cuatro días de andar por las montañas del interior, entre Kalaw y la aldea de Taung Tho, en la ribera del lago, ha sido una delicia y un descanso para los pies y la vista y un refresco para la piel.
Después de atravesar un pequeño bosque de bambúes llegamos a una serie de canales donde nos espera un barquero con su canoa para llevarnos a Nyaungshewe, la principal población de las que hay a lo largo de las riberas del lago.
La travesía por el lago ha sido una gozada, cómodamente sentado, después de varias horas de andar por terrenos bastante abruptos, con el suave bamboleo de la barca y pasando entre estrechos canales llenos de preciosos jacintos de agua y plantas de arroz silvestre (que, aun siendo preciosos, suponen un problema para la navegación, pues se hacen tan espesos y tupidos que la dificultan seriamente al enredarse en las hélices de las canoas, motivo por el cual siempre hay gente limpiando los canales de estas plantas).
El colofón ideal o la guinda del pastel de unos días perfectos en contacto con la Naturaleza casi virgen de este país y con los "virginales" campesinos que lo habitan.
El lago es una autentica maravilla con unas dimensiones considerables (22 kms de largo por 12 de ancho) en cuyas difusas orillas e islas hay 17 aldeas construidas sobre palafitos en el agua y habitadas por varios grupos étnicos (Inthas principalmente) que se dedican, cada grupo, a una actividad u oficio distinto. Unos poblados son de pescadores (los mas pobres del lago), otros son agricultores (o habría que llamarlos "aguacultores"), otros son herreros, otros alfareros, tejedores, etc., etc..
Es un lago muy curioso que no tiene una orilla firme definida al depender del volumen de agua que tenga en cada momento y que todas sus islas, menos una, son ¡¡islas flotantes!!. Durante siglos los habitantes del lago han ido drenando el fondo sacando el barro y depositándolo sobre lechos de plantas acuáticas (el lago es muy poco profundo: 1,60 mts de media en época seca) creando islas artificiales que fijan al fondo mediante largas cañas de bambú para evitar que se desplacen lateralmente, pero que las permite subir o bajar en función del nivel de agua del lago.
Estas islas flotantes se han convertido en auténticos vergeles en donde se cultivan todo tipo de verduras y hortalizas así como flores. Es curiosisimo ver como los "agricultores" se desplazan entre los "surcos" de su parcelita para quitar las malas hierbas, recolectar, plantar, etc.,¡¡en canoa!!.
Otra de las curiosidades del lago, y esta si que es exclusiva de aquí, no dándose en ninguna otra parte del mundo es la manera de remar de sus barqueros y pescadores.
Utilizan barcas de fondo plano y el remero se coloca en la popa aguantándose con una sola pierna y, con la otra, rodean el remo de una manera curiosisima y ¡¡reman con una pierna!!. Esto les permite dar descanso a los brazos y les ayuda, al ir de pie, a ver mejor los bancos de arroces pantanosos y los peces de los que viven.
Esa es otra de las cosas que los distinguen: la manera de pescar. Utilizan unas curiosas cestas cónicas de bambú con una red dentro. Previamente, cuando eligen un lugar, empiezan a golpear repetidamente el agua con los remos para asustar a los peces y que busquen la seguridad de las abundantes plantas acuáticas del fondo, entonces introducen la cesta de mimbre entre esas plantas y, con una especie de tridente, van "pinchando" el fondo para que los peces, en su huida, se enreden en la red.
Al igual que el resto de los birmanos, los intha también son budistas y, alrededor del lago, también se da esa enorme profusión de edificios religiosos, que parece ser la principal seña de identidad de este pueblo, habiendo cerca de cien monasterios y unas mil estupas.
Navegar por sus canales y visitar sus aldeas y poblados (en alguna de cuyas casas nos han invitado a tomar te y algún dulce casero) ha sido una maravillosa experiencia que me ha gustado e instruido un montón.
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